Llámenme loco, ultra optimista o inocente, pero lo que anuncie Donald Trump en unas horas podría ser la sacudida que México necesita para dejar de ser el eterno escudero comercial de Estados Unidos y asumir un papel más protagónico en el comercio global.
Trump quiere imponer aranceles recíprocos a todo el mundo. Dice que con eso liberará a la economía estadounidense de las «injusticias» del comercio internacional. Pero, si se mira con otros ojos, ese movimiento puede marcar la verdadera liberación de la economía mexicana. Porque si EU cierra la puerta a las mercancías del mundo, ese mundo buscará otras rutas, y ahí es donde México puede volverse la gran alternativa para el comercio norteamericano.
México tiene una frontera de 3 ml kilómetros con el país más consumidor del planeta, y una logística que permite que un producto cruce en apenas uno o dos días. Mientras que los contenedores asiáticos pueden tardar semanas en llegar a los puertos de la costa oeste de EU, una mercancía que se ensamble en México podría estar en los anaqueles en tiempo récord.
Envueltos en su necedad de «me llevo mi balón y así juego», los gringos se pondrán muy exquisitos en sus trámites y costos para aceptar productos de otros países en sus mercados, pero si México se mantiene abierto al libre comercio, como hasta ahora; se puede convertir en uno de lo mayores centros logísticos del mundo.
México es el país como más acuerdos comerciales firmados que lo conectan con más de mil millones de consumidores en el planeta, el país es un imán para las empresas que buscan estabilidad en un mundo cada vez más volátil.
Es cierto, nuestro país aun tiene deficiencias en infraestructura logística, pero incluso con todo eso, si el proteccionismo de EU se vuelve una barrera insalvable, más de un fabricante tendrá que buscar opciones fuera de su zona de confort. Y ahí es donde México, con todo y sus baches (físicos y regulatorios), se vuelve una apuesta interesante.
Aun con todo ese panorama «catastrófico», me atrevo a pensar que México tendrá un trato preferente de parte de EU. No solo las reglas del moribundo TMEC le darían al país una ventaja respecto a otros países, sino porque el mismo Trump sabe que le conviene más tener a México como aliado que tenerlo en sintonía con el resto del mundo que ya piensa en responder a los gringos con el mismo tono.
Si me equivoco y EU trata a su socio mexicano como cualquier otro país del planeta, México tendrá que meterle turbo y mejorar sus puertos, aeropuertos, carreteras, y trenes para la reinvención de nuevas cadenas de suministro que no pasen por EU. Lo bueno es que desde el sexenio pasado ya se comenzó con esa tarea.
Si EU no quiere jugar con el mundo, y el mundo ya no quiere jugar con EU; la economía mexicana podría ser el jugador que salga de la banca para quedarse con el balón y organizar su propio partido. A chambear señores.