Algo muy extraño está pasando en el mercado mexicano de telecomunicaciones. Mientras unos preparan las maletas, otros compran empresas con descuento y el gobierno parece organizar su propio Buen Fin del espectro radioeléctrico. ¿Coincidencia? Puede ser.

La semana pasada trascendieron dos noticias que podrían cambiar nuevamente el tablero de las telecomunicaciones. La primera fue la aprobación, en la Cámara de Diputados, de una reforma a la Ley Federal de Derechos que propone reducir cerca de 12% las cuotas por el uso de determinadas bandas del espectro. El proyecto pasó al Senado y todavía debe completar su trámite legislativo.
Hablamos de frecuencias como 800/850 MHz, 1.9 GHz, AWS, 1.4 GHz, 2.5 GHz y 3.5 GHz. Es decir, buena parte de las autopistas invisibles por donde circulan nuestros datos, memes, videos y mensajes.
Ojo, el descuento aplicaría a los pagos recurrentes por utilizar esas frecuencias, no al precio inicial de las concesiones. Tampoco significa que las empresas estén obligadas a convertir cada peso ahorrado en antenas, cobertura o tarifas más baratas. ¡Bueno fuera! Eso sería demasiado espíritu navideño.
Para las bandas de 600 y 700 MHz también se plantea congelar las cuotas durante 2027 y se mantiene la propuesta de dar descuentos de hasta 100% al cobro de derechos por espectro vinculados con obligaciones de cobertura. Pero eso, es otra historia; diría la nana Goya.
La segunda noticia parece sacada de una promoción de meses sin intereses. Según versiones periodísticas, Telefónica podría prestarle dinero a Melisa Acquisition para financiar la compra de Movistar México, pactada en 450 millones de dólares.
Sí, leíste bien. El vendedor podría financiar al comprador. Es como vender tu automóvil y prestarle dinero al interesado para que finalmente se lo lleve. Nomás falta regalarle el tanque lleno y pagarle la primera verificación.
Ni Telefónica ni Melisa Acquisition han confirmado públicamente ese supuesto préstamo. Según las versiones, todavía negocian garantías y compromisos financieros. El consorcio encabezado por Oxio y Newfoundland Capital Management tendría un año para completar el traspaso.
Todo esto ocurre mientras Televisa y Fintech Holdings preparan la adquisición de AT&T México por 2 mil millones de dólares. Otra operación donde las condiciones financieras despiertan preguntas sobre las verdaderas prioridades de vendedores y compradores.
Esto comienza a parecer menos una competencia por conquistar México y más una carrera por encontrar la puerta de salida. ¿Por qué Telefónica consideraría financiar su propia venta? ¿Por qué la operación de AT&T contempla cargar buena parte del endeudamiento al negocio adquirido?
Suena muy raro además que el Estado mexicano proponga abaratar el espectro justo cuando cambian de manos los dos principales competidores de Telcel. ¿Coincidencia de compra o pésimo timing de venta?
La reducción podría aliviar costos y liberar recursos para inversión. También podría mejorar las cuentas de los nuevos propietarios sin necesariamente beneficiar a los consumidores. Pero lo importante es saber si esos compradores tendrán suficiente músculo financiero para competir con el ingeniero Slim o si terminarán más ocupados pagando sus adquisiciones que instalando antenas.
¿Cuánto del ahorro en espectro terminará convertido en inversión, cobertura y mejores servicios? ¿Y cuánto servirá simplemente para pagar deudas?
Hasta ahora todo suena a especulaciones pero no vaya a ser que estemos celebrando el Buen Fin de las telecomunicaciones mientras los usuarios sigamos pagando el precio completo.
La logística cambia de fórmula
Hubo un tiempo en que presumir músculo logístico significaba contar camiones, bodegas y kilómetros recorridos. Hoy la película cambió. Ya no gana necesariamente quien tiene más fierros, sino quien sabe conectarlos, coordinarlos y ponerlos a trabajar sin convertir cada expansión en una nueva deuda.
Un ejemplo es Traxion, cuyo Informe Integrado 2025 revela que más de 44% de sus ingresos consolidados provino de soluciones bajo el modelo asset-light. En español, significa crecer sin tener que comprar un camión o construir una bodega cada vez que aparece un cliente.
La fórmula combina tecnología, infraestructura propia y capacidad de terceros. Algo así como tener una flotilla virtual, pero con mercancías reales y clientes que no perdonan retrasos.
La incorporación de Solistica durante 2025 reforzó esa estrategia al sumar capacidades de almacenamiento, logística tercerizada e intermediación de carga. Ahora Traxion puede ofrecer servicios más integrados sin depender exclusivamente de sus activos.
El negocio ya no consiste solamente en mover cajas, sino en administrar información, coordinar proveedores y aprovechar recursos. Porque tener muchos camiones está bien, pero hacerlos rentables está mucho mejor.
Turistech
La inteligencia artificial también quiere organizar congresos y todavía no cobra viáticos. Por eso el Fideicomiso de Turismo de Los Cabos (Fiturca) presentó una plataforma de IA para facilitar la planeación de reuniones y conectar organizadores con proveedores y especialistas del destino.
La herramienta llega a un mercado nada despreciable. Los Cabos ocupa el cuarto lugar latinoamericano y caribeño en la clasificación Cvent 2026 para destinos de reuniones. Durante 2025 recibió más de ocho mil reuniones y 283 mil participantes, con un gasto directo de 11,861 millones de pesos y alrededor de 6,900 empleos.
Con semejante negocio, digitalizar la organización de eventos ya no parece lujo tecnológico, sino necesidad comercial. La IA también quiere su lugar en la mesa del turismo.
Información medible
Muchas empresas mexicanas hablan de sostenibilidad, pero cuando toca enseñar los números aparece el clásico: “te los mandamos”.
El Estudio de Madurez Riesgo Climático y Financiero en México 2026, de DUA NetZero, revela que 75% no mide formalmente su huella de carbono y 57% tampoco genera reportes de sostenibilidad. Fátima Montiel, CEO global de Ecoforest y DUA NetZero, presentará los hallazgos en People and Wellness 2026.
Hay otro dato incómodo el cual muestra que dos de cada tres empresas que recopilan información de sostenibilidad tardarían días o semanas en acreditar su origen, o no podrían garantizarlo.
El problema ya no es solamente ambiental. También afecta decisiones financieras, auditorías e inversiones. Porque presumir compromisos verdes luce bonito en las presentaciones pero demostrarlos con datos verificables es otro boleto.