No inglés: sigamos haciendo estas tendencias

Muchos sabíamos que llegaría el día después de la eliminación de la Selección Mexicana del Mundial de Futbol. Pocos creíamos que pudiera convertirse en campeón del mundo; sin embargo, muchos sí pensábamos que podía hacer un mejor papel que en torneos anteriores. Lo que nadie esperaba era que el coraje, la inteligencia y el orgullo de los futbolistas nacionales lograran unir a tantos mexicanos, incluso a quienes ni siquiera les gusta el futbol.

Más allá de la eliminación del equipo, reconozco que me duele que termine el Mundial. Para mí ya se acabó. Y me duele porque con él también se acaba la fiesta, la comunión, la alegría, la solidaridad, la amabilidad y la creatividad de millones de mexicanos. Algunos seguirán en modo mundialista, pero la mayoría volverá a la rutina cotidiana, mucho más cercana al individualismo. Triste.

Por eso amanecí con esa extraña resaca que no se cura con café ni con analgésicos. Una sensación de haber perdido algo valioso. Porque el golpe anímico nunca está en el marcador en contra, está en el silencio que llega después.

Ayer lo vi en los alrededores del Ángel de la Independencia. Mientras muchos, la mayoría, regresaban a sus casas en silencio y con el rostro largo, muy pocos queríamos seguir celebrando eso que nos llenó de vitalidad durante las últimas tres semanas. Y no porque seamos unos enajenados, sino porque queremos seguir viendo a esos mexicanos chingones que se unen alrededor de deseos, Ilusiones, objetivos y creatividad. El detonador fue el futbol, pero el combustible siempre fue el ingenio nacional.

Con el Mundial las calles se llenaron de abrazos entre desconocidos. Los restaurantes se convirtieron en estadios improvisados. Los memes sustituyeron por un momento a los insultos cotidianos de las redes sociales. La creatividad nacional, esa que muchas veces desperdiciamos en subsistir y ofender, encontró un escenario perfecto para lucirse.

Y, si no, basta con ver la tendencia del «No inglés» que comenzó a organizarse en redes sociales el fin de semana pasado. Desconozco si en alguna parte del mundo, o incluso en México, alguna vez había crecido tanto una tendencia impulsada por las propias marcas. Desde grandes corporativos hasta pequeños negocios comenzaron a modificar temporalmente sus nombres, publicaciones e identidad digital para respaldar a la Selección Mexicana en su enfrentamiento contra Inglaterra.

Tal vez no recuerde otra similar, porque, por lo general, las marcas se suben a las tendencias que crea la sociedad alrededor de los temas del momento. En esta ocasión ocurrió lo contrario, fueron las propias marcas las que generaron la tendencia, sin importar su sector, su lugar de origen o su mercado objetivo. Fueron decenas, quizá cientos, las que se sumaron a este respaldo para la Selección Mexicana de Futbol; demostrando que la publicidad no sólo sirve para vender más. Por unas horas, competir por clientes pasó a segundo plano. Lo importante era participar en una conversación compartida.

Para quienes seguimos desde hace años la evolución del marketing digital, el caso merece algo más que un aplauso. Representa la confirmación de que la publicidad mexicana está dejando atrás el viejo modelo de mensajes unidireccionales para construir vínculos culturales mucho más relevantes.

Las marcas ya entendieron que vender no siempre empieza hablando del producto. Muchas veces comienza demostrando que comprenden el momento emocional de las personas.

Eso explica por qué la tendencia funcionó. No fue una promoción disfrazada de patriotismo. Fue una demostración colectiva de que la comunicación también puede generar identidad cuando existe autenticidad.

Las redes sociales hicieron el resto. Miles de usuarios comenzaron a compartir, comentar y celebrar las ocurrencias de empresas que normalmente pasarían inadvertidas. Durante unas horas los anunciantes y los consumidores jugamos para el mismo equipo, México. Ese quizá sea el mayor aprendizaje que deja este Mundial.

La verdadera victoria no fue estar a un gol de avanzar una ronda más. Estuvo en recordar que México todavía sabe unirse cuando encuentra una causa que despierta entusiasmo. Lo verdaderamente valioso fue descubrir que todavía somos capaces de coincidir.

Por eso, la pregunta no es qué sigue para la Selección de Futbol, la pregunta es mucho más profunda y la planteó con seriedad: ¿Y si sí, México? ¿Y si seguimos haciendo este tipo de tendencias?

Fraude de identidad

La inteligencia artificial llegó para hacer más eficientes los negocios, pero también les dio un curso intensivo a los delincuentes. Hoy el fraude de identidad ya no depende de documentos falsificados o llamadas improvisadas; ahora utiliza algoritmos capaces de clonar rostros, voces y documentos con una facilidad que pone en aprietos a bancos, comercios y plataformas digitales.

 El más reciente Informe de Inteligencia sobre Fraude de Identidad, elaborado por Unico en colaboración con Liminal, revela que los fraudes apoyados en inteligencia artificial ya representan 23.3% de los ataques registrados a nivel mundial. Para Unico, la empresa que en México comanda Fernando Paulín, el problema dejó de ser tecnológico para convertirse en un reto de inteligencia colectiva, donde las empresas deben compartir información para anticipar patrones antes de que el fraude ocurra.

La Ciudad de México concentra 13.85% de las alertas de fraude detectadas por la red de inteligencia de Unico en el país, seguida por Veracruz, Estado de México, Jalisco y Chihuahua. En conjunto, estas entidades reúnen casi 44% de las alertas nacionales, impulsadas por el volumen de transacciones financieras y verificaciones de identidad que realizan diariamente.

Las cifras muestran que el negocio del fraude crece con rapidez. Liminal estima que las pérdidas para las instituciones financieras pasarán de 25 mil millones de dólares en 2025 a 55 mil 300 millones en 2030.

Así, mientras muchas empresas siguen enfrentando el fraude de manera aislada, las redes criminales ya entendieron que colaborar y compartir inteligencia resulta mucho más rentable.

  • Datos mueven mercancías

La ventaja competitiva en logística ya no depende solo de la infraestructura; surge de la capacidad para convertir datos en decisiones. Plataformas de evaluación como EcoVadis reflejan ese cambio, porque exigen evidencia verificable sobre desempeño ambiental, ética y gestión de proveedores. El reconocimiento para Traxion, que en sostenibilidad encabeza Daniel Wasserteil, confirma que la digitalización también alcanza la sostenibilidad. La tecnología aporta visibilidad a toda la cadena de suministro y facilita decisiones con menor riesgo. El desafío consiste en mantener información precisa, procesos auditables y metas públicas. Quien invierta en inteligencia de datos y transparencia ocupará una mejor posición en un mercado donde la confianza también nace de la evidencia.