
Mientras las lluvias hacen lo que quieren y la sequía ya apartó lugar para el próximo año, la inteligencia artificial también mete su cuchara. Y todo porque detrás de cada respuesta ingeniosa de la Tía GPT, hay un ejército de GPUs trabajando día y noche.
La presidenta Claudia Sheinbaum ya advirtió que El Niño puede venir con lluvias más intensas en el norte, ciclones más fuertes y una probable sequía en el centro del país. Pero mientras el clima se vuelve protagonista, el mundo acelera la construcción de centros de datos para alimentar la fiebre de la IA.
El detalle es que un campus de inteligencia artificial ya no consume lo mismo que un edificio de oficinas. Algunos proyectos demandan hasta un gigavatio de potencia, el equivalente al consumo de una ciudad mediana. Además, requieren sistemas permanentes de refrigeración, almacenamiento masivo, redes de alta velocidad y suministro eléctrico las 24 horas. Si esa energía proviene de combustibles fósiles, el panorama se vuelve más complicado.
No es casualidad que ayer mismo, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó una orden ejecutiva para poner una pausa de un año a nuevos centros de datos de gran escala mientras revisa su impacto ambiental y sobre la red eléctrica. Tampoco sorprende que en Estados Unidos siete de cada diez personas no quieran uno cerca de su casa, según una encuesta de Gallup.
México, en cambio, vive una especie de trastorno de personalidad digital. Por un lado, el nearshoring, la cercanía con EU y la demanda tecnológica nos colocan como candidato natural para convertirnos en el gran hub latinoamericano. Las proyecciones de la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) hablan de más de 20 mil millones de dólares de inversión directa hacia 2031 y de más de 1,700 MW adicionales de capacidad instalada.
Sin embargo, seguimos evaluando si alcanza la electricidad, si habrá agua suficiente y cuándo llegará la infraestructura de transmisión que el país necesita desde hace años. La discusión, entonces, se centra en escoger entre desarrollo tecnológico o cuidado ambiental. ¿México será capaz de construir ambas cosas al mismo tiempo? Porque la economía digital no espera, pero el cambio climático tampoco. Vaya dilema.
Mala cobranza
La mala fama de los despachos de cobranza no nació sola. Empresas que suplantan identidades, usan amenazas y operan al margen de la ley terminaron contaminando a todo el sector. El reto ahora no es cobrar, sino recuperar la confianza con transparencia, trato digno y el cumplimiento de las reglas. Por ello es interesante la propuesta de Alan Ramírez, presidente de la Asociación de Profesionales de Cobranza y Servicios Jurídicos (APCOB) y titular de la Coperva; quien propone reconstruir la confianza del deudor basados en la Fiabilidad, la Sensibilidad, Seguridad, Empatía y la imagen de las empresas.