¿Quieres volver a las salas de cine?

Recuerdo la última época dorada de las salas de cine en México. Fue cuando las distribuidoras saturaban la cartelera con superhéroes, princesas y secuelas interminables. Y, para ser honestos, muchos íbamos felices de estreno en estreno. Era un ritual con boleto, palomitas gigantes y discusión sobre la escena poscréditos.

Luego llegó la pandemia y el cine tuvo que hacer maromas para sobrevivir. Las productoras descubrieron que podían estrenar casi al mismo tiempo en salas y en plataformas de streaming. La pantalla gigante fue reemplazada por otra más pequeña en casa.

Por eso las salas empezaron a perder atractivo, sobre todo entre los niños pandémicos que hoy son jóvenes. Los estrenos dejaron de ser tan llamativos y el precio de la entrada jugó en contra de ese entretenimiento.

Según datos de la Canacine, diversas fuentes periodísticas y las propias empresas Cinemex y Cinépolis, el boleto en México sigue siendo relativamente barato. Un ticket tradicional ronda los 70 pesos o 4 dólares, muy por debajo de los 15 dólares promedio en Estados Unidos.

El detalle es que nadie va al cine solo a comprar un boleto. La verdadera función empieza en la dulcería, donde las palomitas tienen un componente financiero muy volátil. El consumo promedio en refrescos y snacks suele ir de 130 a 220 pesos por persona, y en salas VIP puede superar los 400.

El famoso “efecto combo” es saber que pagas 70 pesos por entrar y terminas desembolsando 250 porque el paquete incluye un bote de palomitas tamaño tinaco y muchos hielos con refresco que nunca terminas.

La comparación más interesante no es con otros países, sino con el salario mínimo. Una salida básica al cine en México requiere alrededor de cuatro horas de trabajo. En España se necesitan poco más de dos; en Suiza, apenas una hora y media. Visto así, el cine deja de parecer barato y se convierte en una decisión presupuestal. No es nostalgia, son finanzas personales.

Sin embargo, hay señales de recuperación. Ellis Jacob, director de Cineplex, asegura que la Generación Z está regresando a las salas en Norteamérica impulsada por grandes estrenos y películas de terror. Tal vez estén cansados de la pantalla pequeña, aunque también influye el miedo a quedarse fuera de la conversación en redes sociales.

Las productoras parecen haber entendido el mensaje. Paramount promete más estrenos exclusivos para cadenas como AMC y Regal, intentando devolverle a las salas la sensación de que, si no vas al cine, realmente te estás perdiendo algo.

La incógnita es si eso bastará en México. Porque aquí el problema no es solo el streaming. Entre transporte, estacionamiento, boletos y dulcería, una salida familiar puede costar lo mismo que varias mensualidades de plataformas digitales.

Quizá el futuro del cine no dependa de pantallas más grandes ni de asientos reclinables. Tal vez dependa de algo mucho más simple que comprar palomitas sin sentir que estas pidiendo un crédito hipotecario.